Mente abierta

¿Por qué seguir los consejos de un manual? ¿Qué caso tiene usar estas muletas para escribir? ¿Si no se tiene nada que decir, es necesario escribir sobre de nada? Francamente a veces me sorprendo a mí mismo. Cuando hago este tipo de cosas. Bajar un manual de la Internet o comprar un libro lleno de consejos, atajos y motivaciones extra para hacer lo que estoy haciendo ahora.

No hago mucho, sólo escribo y escribo porque, dicen, soy escritor y debo escribir, porque si no escribiera entonces no podría llamarme escritor. Mas es verdad que todos somos escritores: el hombre detrás de su computadora haciendo un reporte de ventas trimestral; la asistente escribiendo una carta o llenando un contrato; el joven, con su mensajería electrónica, practica la escritura de forma intensiva; yo, ahora mismo, haciendo esto porque-tengo-que-hacerlo. Ser escritor o decirse ser escritor hoy en día —y no quiero caer en el lugar común, pero caigo de todas formas— es como decir el perro café de la esquina.

Ya no hay mérito en esto y no lo hay porque no hay tampoco lectores. Es una especie en extinción: la televisión, un poco el cine, ahora la Internet, con su YouTube, Vevo, Face y demás que no son más que formas “interactivas” de ver la televisión, son los principales ahuyentadores de lectores. La post-modernidad, si todavía existe, no es más que la negación de lo poco humano que nos queda. Ese nihilismo trasnochado del nada-se-puede nos está conduciendo a la parálisis que se refleja en nuestras instituciones, en nuestras estrechas formas de pensar y últimamente en el tráfico. ¿Por qué el símbolo de prosperidad por antonomasia tiene que ser el automóvil?

Yo abandoné el uso del mío. Lo cambié por una moto. Ahora soy poco menos que un insecto en la calle. Pero como buen insecto, me las arreglo para escabullirme tanto del tráfico como de los palurdos que lo pueblan. Soy, debo admitirlo, más feliz. Ya no peleo con cualquiera en la calle, como lo hacía en el coche. No me da tiempo para ello, ya que me tengo que estar cuidando de todos. Los peatones, que detestan las aceras, son los más peligrosos porque caminan en el sentido de las calles dándole la espalda al tráfico. Pareciera que buscan ser atropellados.

Me dice el manual que escriba por 20 minutos, sin parar. Lo hago con diligencia y veo que lo que hasta ahora he escrito vale para poca la cosa. Lo mejor de todo es que tengo que publicarlo, hacerle leer esto a usted, que tiene tantas obligaciones y que no puede perder el tiempo en andar leyendo barrabasada y media y mucho menos el casi subconsciente del que esto escribe.

Usted dirá, también: bonita forma de empezar un blog: siguiendo un recetario. Poner doble punto uno tras otro, apenas separado por la consabida frase, alargando la proposición. Es como escribir algo así:

El médico dijo

                      Señora no me malinterprete

                                                    Como si hubiera algo que explicarle a la señora que, pobre, está en shock.

Podría uno casi interminablemente escribir así. Veo que el papel, su tamaño vaya, no lo permitiría. A menos que inventáramos alguna forma de escribir detrás de él. Qué bobo. Se podría hacer una hoja que se desdoble y que tuviera dimensiones kilométricas. Para que no ocupe mucho espacio en el libro podría hacerse de papel cebolla. Eso le daría un toque de peligro al asunto de la lectura

                                                           Si el lector no es cuidadoso

                                                                                                            Podría romperse la hoja y perder el hilo de la historia completa

A lo mejor con esos riesgos, a lo Halo 4, los más jóvenes se atreverían a abrir un libro y a disfrutarlo.

No me malentienda, no se trata de promover la lectura. Aquí de lo que se trata es de promover la escritura, no importa de a como vaya la cosa. El chiste es escribir hasta que se acaben los 20 minutos. Si usted está leyendo esto, seguramente tardará mucho menos en leerlo que yo en escribirlo. Es parte de la Relatividad General.

Por cierto, bienvenido a mi nuevo rincón.